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El molino de viento de Ocón

Pieza olvidada del ayer

Urbano Espinosa

 

 

I. OCÓN, UN VALLE CON SORPRESAS

 

A tenor del nulo rastro que aparentemente ha sobrevivido en la memoria popular, parecería que por estas latitudes peninsulares próximas al Ebro nunca habrían llegado a existir los molinos de viento. Sin embargo, las gentes de Ocón hablaban de un cerro llamado “Molino de Viento” en cuya cumbre había un enorme acumulado de piedras entre las que emergía enigmática una gruesa pared curva.

 

Esas fueron las primeras pistas ciertas que nos llevaron hacia una agradable sorpresa, una más de las muchas que todavía guarda el Valle de Ocón. Ciertamente, también el paisaje agrario de Ocón había mostrado en tiempos antiguos la silueta de uno de esos ingenios a hélice creídos gigantes en el quijotesco ensueño que inmortalizó Cervantes. El molino de Ocón es el único conocido en La Rioja, pero seguramente una futura y mayor atención de los estudiosos habrá de ir sacando a la luz otros ejemplos, mostrando que ese tipo de instalación técnica tradicional era más habitual de los que hoy podemos sospechar.

 

 

 

II. RECUPERAR LA HISTORIA OLVIDADA

 

            No debían ser raros de ver los molinos de viento por el norte peninsular, pero desaparecieron con recato y en silencio, del mismo modo que habían surgido. Su final no fue traumático; es decir, no dejó huella documental, no fue vivido como problema. Humildes ellos, hace generaciones ya que cedieron el paso a los sistemas de molienda basados en la fuerza motriz del agua; pero ahí dejaban, sin embargo, su singular contribución a una de las más básicas necesidades humanas: la alimentación.

 

            El ingenio humano, incansable en su afán innovador, hizo inservibles los históricos molinos movidos por viento; se abandonaron y fueron olvidados a medida que las piedras de sus orgullosas torres se retiraban para otras construcciones o a medida que la intemperie las esparcía por el terreno fundiéndolas en el anonimato del paisaje general. Por eso, con la reconstrucción del antiguo molino de viento harinero todos recuperamos un jirón de nuestro pasado olvidado; no sólo el Valle de Ocón.

 

            Nada mejor para conocer la dura lucha de los antepasados por la existencia, que entrar en este molino, ascender por sus escaleras y contemplar el movimiento de sus mecanismos, aparentemente toscos pero diseñados sin embargo con una sorprendente dosis de ingenio capaz de aprovechar la energía eólica con una dotación técnica rudimentaria. No quedamos indiferentes ante el espectáculo de la molienda que se reproduce en el molino de Ocón;  impresiona y deja huella.

 

En el reducido espacio de la última planta, las personas y las máquinas casi se tocan, conviven, sobrecoge el ruido de los maderos en movimiento, parece loco y ciego el giro de la piedra molendera; cuando todo trepida, es inevitable una primera impresión de miedo, pero enseguida desaparece al ver el milagro del trigo hecho harina. Entonces comprendemos que al entrar al molino nos trasportamos literalmente al ayer en un sueño fascinante; al salir de nuevo al exterior, despertamos al aquí y al hoy, pero nos apetece volver al pasado, volver a entrar en el molino otra vez, y otra, y otra.

 

 

 

III. UN VIEJO MOLINO A PROTEGER

UNA RECONSTRUCCIÓN PARA DISFRUTAR

 

            Junto al molino reconstruido se encontrará el visitante con las ruinas del antiguo. Las excavaciones arqueológicas realizadas en este último sacaron a la luz la base de una robusta torre circular que se hallaba oculta bajo un gran cúmulo de escombros. Para reconstruir sobre esa base el resto de la torre habría sido necesario desmontarla hasta casi el nivel de suelo, lo que implicaba la pérdida de los vestigios que han sobrevivido al paso del tiempo.

 

Se impuso un criterio conservacionista y de protección, de manera que en la actualidad el visitante puede contemplar los restos del antiguo molino, tal cual han llegado hasta nosotros, sin pérdida de lo conservado.  Junto a él, se encontrará con la reconstrucción moderna que reproduce su gemelo histórico. Aquel a proteger, este otro para disfrutar.

 

 

 

IV. ESTUDIO ARQUEOLÓGICO

 

Con carácter previo al proyecto de reconstrucción, en 2003 se llevaron a cabo trabajos de limpieza y desescombro de las ruinas del molino, así como también el estudio arqueológico del sitio, realizado por la Universidad de La Rioja con la colaboración del Gobierno de La Rioja y del Ayuntamiento de Ocón. El objetivo era poder obtener alguna luz de carácter cronológico y etnohistórico sobre esta instalación tradicional.

 

a) La torre antigua

 

El antiguo molino es una torre cilíndrica con puerta única orientada al Este. Tiene un diámetro exterior de 6,40 m. e interior de 4 metros. La pared es muy robusta con 1,20 m. de grosor, que se amplia hasta 1,40 m. en la cimentación, y está  construida con piedra de la zona, que en algunos puntos se conserva hasta 1,8 m de altura. El lado interior del muro estaba enfoscado con una capa de mortero, y por eso emplea piedras de menor tamaño para obtener una superficie menos irregular que al exterior. En el molino de Ocón los muros son algo más gruesos que la media de este género de torres debido, quizás, a tener que compensar la menor estabilidad que otorgaría el canto rodado del mampuesto. En la obra no se usó ladrillo ni tapial, o al menos no hay huella arqueológica; sólo piedra de la zona trabada con abundante cal de buena calidad.

 

            El suelo interior debía estar alfombrado con pequeños cantos de la zona, de los que sólo han quedado algunos vestigios. El primer tramo de escaleras estaba adosado a la izquierda de la puerta y los escalones estarían armados con madera, pues no han aparecido evidencias de escalones de piedra. De la puerta sólo queda un vano con mayor luz de lo normal, pues debía estar construida con piedras escuadradas, que fueron retiradas desde antiguo.

 

            Es curiosa la técnica de cimentación. Los sondeos arqueológicos realizados mostraron que tanto al interior como al exterior de la torre había una capa de arcilla de unos 50 cm. de espesor, muy limpia y compacta; no era un estrato natural en el cerro, sino que había sido traído desde otros puntos. Muro de la torre y manto de arcilla apoyan a la misma cota sobre el terreno natural, muy compacto por estar constituido de cal y canto. De esos datos se deduce que la planta se trazó sobre la superficie del cerro previamente explanada,  a la que se le habría eliminado el manto de humus originario. Directamente sobre la traza, y sin zanja previa, se comenzó  a alzar la pared. Luego se extendió por el interior y por el exterior, y se compactó, el grueso manto de arcilla comentado, conformando así un encementado natural que inmovilizaba la torre y la aislaba de toda humedad. Por tanto, su consistencia y estabilidad derivaba en parte de esa capa arcillosa en la que se hallaba literalmente incrustada.

 

Son muy escasos los hallazgos recuperados, pues el molino debió de ser despojado de todos los elementos aprovechables (maderas, piezas metálicas, piedras molenderas, etc.) en el momento de su abandono. Una pequeña mancha de fuego en el suelo interior sería indicativo de haberse usado la instalación como albergue ocasional por campesinos o pastores antes de iniciarse el proceso de ruina de la torre. En ese estrato, se recuperaron algunos fragmentos de cerámica vidriada de tonos marrones-verdosos y blancos y unos pocos clavos y escarpias de hierro.

 

 

b) La cronología

 

            La intervención arqueológica no ha proporcionado datos precisos sobre las fechas de construcción y abandono del molino. Las pocas cerámicas recuperadas podrían datarse ampliamente entre los siglos XVII y XIX, pero en todo caso marcan un momento en el que el molino está ya fuera de uso. De él no existe mención documental alguna.

 

Considerando un contexto más amplio, parece ser que a partir del siglo XV y XVI comienzan a proliferar en España los molinos eólicos harineros; esa cronología en términos generales cuadraría bien para la construcción del molino de Ocón. Por lo que atañe al momento final, hacia mediados del s. XVIII ya no estaba en uso. Así se deriva del Catastro de Ensenada del 1751, que ya no lo cita por haber dejado seguramente de tener actividad; por tanto, de generar rentas que hubiera que declarar. Los registrados por el documento eran de  tipo hidráulico, cuya identificación sobre el terreno no resulta difícil. Tras el cierre de las actividades de molienda debieron retirarse las piedras de moler, los mecanismos de madera y los complementos metálicos que poseía, pues de ello no han quedado restos.

 

 

c) Energía hidráulica y final de los molinos de viento

 

El alto número de molinos hidráulicos en Ocón, que registra el Catastro de Ensenada  a mediados del s. XVIII, al menos en proporción a la población y a la producción cerealista de la zona, significa que debieron suponer una fuerte competencia para el viejo molino de viento. Por su menor eficiencia frente a los hidráulicos, se vería obligado a cerrar la actividad. Por tanto, el molino de Ocón habría dejado de funcionar, como más tarde, a mediados del s. XVIII. Para mayor abundamiento, unos 100 años después, el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico” de Pascual Madoz (1848) sólo menciona los molinos hidráulicos existentes en la línea Los Molinos-El Redal e ignora por completo la vieja obra del eólico, si es que todavía se mantenía en pie.

 

Suponemos, pues, que en el marco de las realizaciones técnicas del s. XVIII debieron preferirse los molinos hidráulicos, que terminarían por imponerse como solución única para la molienda del grano dado su mayor rendimiento y eficacia. Hasta esos momentos habrían coexistido los dos tipos de energía, la eólica y la hidráulica. Lo cierto es que las generaciones de la segunda mitad del siglo XIX en adelante (el Diccionario de Madoz sería la prueba de ello) ya no mantienen el recuerdo de los molinos de viento, aunque hasta el s. XVIII debían de haber sido más frecuentes por estas latitudes del Valle del Ebro de lo que podemos imaginar en la actualidad.

 

Por eso, el proyecto de la recuperación completa del molino de Ocón se presenta como una iniciativa de gran importancia por cuanto puede aportar al patrimonio etnohistórico de La Rioja. En tiempos antiguos debía de ser un referente llamativo en el paisaje oconense, dado el punto alto y despejado en el que se encuentra ubicado.

 

 

V. EL MOLINO RECONSTRUIDO

 

El molino que se ha reconstruido junto al antiguo reproduce la mayor parte de sus características. La torre cilíndrica tiene 6 metros de diámetro exterior y muro de 1 metro, que deja un espacio interior de 4 metros, como en el ejemplar antiguo, en las plantas baja y primera. En la planta superior la pared se adelgaza hasta los 60 cm. permitiendo así mayor espacio para la molienda. Como en el molino antiguo, se ha mantenido la puerta orientada al Este y también la escalera pegada a la pared arrancando desde el lado izquierdo de la entrada y ascendiendo helicoidalmente hasta la planta superior.

 

 El molino de Ocón es un potente cilindro torre que alcanza los 8 metros de altura y cuyo interior está compartimentado en planta baja y dos plantas. La planta baja se denomina silo, la primera camareta, donde se limpiaba el grano y se guardaban los lienzos de las aspas y las herramientas y finalmente la segunda era el moledero con las piedras y los mecanismos de molienda.

 

El molino de Ocón alcanza una altura total de 11 (¿) metros, incluyendo la cubierta; por motivos de seguridad se ha elevado algo más que los ejemplares históricos, al objeto de ganar en seguridad para los visitantes; de hecho sus aspas giran a 3 metros por encima del suelo, cuando antiguamente iban a 1,5 metros.

 

Una pequeña ventana en la primera planta y 8 ventanillos en superior son las únicas aperturas en esta obra maciza y compacta Los ventanillos se distribuyen de modo homogéneo en todo el perímetro de la torre para poder percibir a través de ellos la dirección del viento, sea cual fuere el punto del horizonte desde el que soplara. Para determinarlo se abrían los ventanillos y se colocaba un puñado de harina que al ser dispersado por el aire se sabía de qué lado soplaba, permitiendo así la correcta orientación de las hélices.

 

 

1. Una cubierta giratoria

 

A su vez, la orientabilidad era posible porque los molinos del tipo manchego, al que responde el de Ocón, poseían una cubierta cónica giratoria; la estructura se armaba a partir de cuatro vigas, perpendiculares dos a dos y llamadas madres, de las que salen las costillas, o palos horizontales, que mantienen fija la base circular que rotaba sobre la torre de mampostería. Del gran aro de la base parten los palos (vientos o plumas) que convergen arriba en un madero central llamado fraile. Sobre el fraile se podía colocar una veleta que indicaba la dirección del viento.

 

La superficie externa del tejado de Ocón es de placas de alerce, una madera con especial resistencia a la intemperie; en algunas zonas de los Alpes este material se utiliza en los tejados y puede alcanzar un vida útil de hasta  ... (¿) años. El tejado cónico tiene una especie de tronera por donde sale el extremo del eje donde se engarzan las aspas.

 

La maniobra de orientación se practicaba o bien mediante un palo de gobierno, que caía casi hasta el suelo por el exterior, o bien mediante un sistema de palancas en el interior,  siendo este último procedimiento el aplicado en Ocón. Todo el cabezal giraba sobre la torre lubricado generosamente con grasa animal. Las operaciones para poner en marcha un molino de viento tradicional (orientación, desplegado de velas, etc.) podía requerir antaño unas 2 ó 3 horas.

 

En el molino reconstruido de Ocón, manteniendo la estructura y la apariencia de los tradicionales, se han incorporado discretamente mecanismos que facilitan las acciones de puesta en marcha, de orientación eólica y de frenado, de modo que se pueda garantizar la seguridad para las personas y para la conservación de los sistemas. El visitante puede contemplar de modo directo esas operaciones .

 

 

b) El eje, las hélices y la rueda catalina

 

Al girar la cubierta cónica también se desplazaba con ella el eje, las hélices y la rueda catalina. El conjunto, de unas 6 toneladas de peso, se desplaza sobre el anillo superior del cilindro torre hasta lograr la orientación de las hélices.

 

El eje es un gran tronco de roble, torneado, con 7 metros de largo y 0,45 de diámetro; su posición no es horizontal, sino que tiene una inclinación de 10/12 grados. En el extremo exterior están ensambladas las aspas, que alcanzan los 7 metros cada una. Han sido construidas con acacia por su flexibilidad, resistencia y perdurabilidad. Las velas, o lienzos, reciben directamente la presión del viento; son piezas de lona de 5,5 x .. metros. A las que se les ha incorporado un sistema de cuerdas y carretes para plegarlas y desplegarlas a voluntad en poco tiempo. Antiguamente tenían cosidas 10 asillas cada una en su recorrido longitudinal por las que se pasaba una soga corredera y ésta se sujetaba a los extremos libres de los cabrios; de ahí que el desplegado de los lienzos requiriera tanto tiempo.

 

Las aspas tenían un estudiado alabeo, para facilitar la acción del viento, que ha sido reproducido también en el molino de Ocón. Los extremos de las aspas recorren casi 44 metros en cada giro, dando un total de ... vueltas por minuto a un empuje medio del viento de entre y 7 y 10 metros por segundo.

 

 Hacia el centro del eje está ensamblada la llamada rueda catalina, un potente engranaje de 2,4 m. de diámetro fabricado en roble y con 40 dientes de encina. Su función consiste en hacer que el rotor horizontal del eje, movido por las hélices, transmita el movimiento a otro rotor vertical, mediante un buje o linterna, y de aquí a la piedra volandera. La rueda catalina es una pieza maestra de la carpintería tradicional; las maderas oblicuas que fijan firmemente a la rueda con el eje se llaman zoquetes.

 

 

c) la molienda

 

            En la última planta del molino se realizaba la molienda. Un buje o linterna toma la fuerza de la rueda catalina y mediante un barrón de forja forma el rotor vertical del sistema que mueve la piedra superior denominada volandera. La linterna tiene 8 usillos, o pivotes verticales con sus hendiduras, donde encajan los dientes de la rueda catalina.

 

Una vez orientadas las aspas se suelta el freno manual y el molino comienza a girar, arrastrando la pesada piedra de moler de 120 cm. de diámetro. La piedra inferior, o piedra solera, permanece fija. Ambas piezas del molino de Ocón son de un sílex de gran dureza y portan la marca La Ferté, prestigiosa firma francesa que distribuía sus productos en España en siglos pasados. La volandera cuenta con un mecanismo manual de palanca (tiradera) que permite separarla de la piedra solera y graduar la presión sobre ésta según se desee el grosor de la molienda.

 

Dos potentes vigas bajo la planta de molienda, llamadas marranos, soportan los ... kgs. aproximadamente de las dos piedras, además del peso de la bancada de obra en la que éstas apoyan. Una puerta en los suelos de la primera y segunda plantas servía para descolgar las muelas cuando devenían inservibles y cuando había que elevar las nuevas; como polea podía utilizarse el mismo eje del molino.

 

Los costales de trigo, antiguamente de unos 80 kgs. de peso, tenían que ser subidos a hombros hasta la segunda planta. Aquí se iban vertiendo en una tolva que permitía dosificar la incorporación de grano a las muelas a través de una canaleja. Luego la harina descendía por un canalón cerrado hasta la planta baja donde se llenaban los sacos.

 

 

d) La seguridad en los molinos de viento

 

Todo molino de viento tenía que contar con un sistema de frenado de la hélice en casos de excesivo viento, pues las revoluciones rapidísimas y descontroladas podían dañar gravemente la instalación con riesgos, incluso, para las personas. El sistema de freno se ubica en el canto de la rueda catalina; la mayor parte de su circunferencia está abrazada por una lámina de fresno y una badana cuyos extremos se unen al palo de freno accionado desde una palanca o tiradera del freno.

 

Pero el molino cuenta también con otros mecanismo de seguridad; el más importante es el de desplazar arriba el eje de la linterna para separar sus usillos de los dientes de la rueda catalina, con lo cual las piedras de moler no recibían empuje alguno. Finalmente, cuando el molino no realizaba las tareas de molienda, la rueda catalina se separaba de la linterna y quedaba sujeta por el freno y anclada a cuatro puntos de la pared mediante cadenas.

 

El molino de Ocón, además de todo lo anterior, cuenta con la posibilidad de replegar las velas y desorientar las aspas mediante un simple mando a distancia. Al haberse construido su torre más alta que los molinos tradiciones, se han  elevado también los engranajes respecto al suelo de la 2ª planta para evitar todo tipo de riesgos a las personas. Antaño esos engranajes se hallaban al alcance de la mano.

 

En su conjunto, el molino de viento de Ocón reproduce los mecanismos tradicionales de molienda, tal como se han conservado básicamente en el modelo manchego. Se trataba de un sistema que, aunque rudimentario, lograría dar unas 12 revoluciones por minuto en sus hélices con viento de 7 metros/segundo (unos 25 km/hora) y con ello podría generar una fuerza de unos 20 CV capaz de moler 125 kg. de trigo a la hora. 

 

   

 

EL MOLINO DE VIENTO EN LA HISTORIA

 

            En las antiguas civilizaciones hallamos las primeras referencias al empleo del viento para mover ingenios con fines prácticos. La más antigua aplicación de la fuerza eólica parece que se dio en el Tíbet y en Mongolia, unas ruedas que producían sonidos en ciertos rituales religiosos. Debían ser mecanismos de eje vertical que luego se difundieron por Persia y China antes del siglo II a.C. No nos es conocido el salto al uso utilitario del viento, aunque con toda probabilidad los primeros  molinos harineros que se conocen con cierto detalle fueron persas, cuyos modelos, según algunos estudiosos, se basarían en prototipos chinos.

 

El diseño de los molinos persas era sencillo. Una torre de mampostería estaba provista de una pared frontal que actuaba como pantalla para embocar el viento dirigiéndolo sobre las palas motoras y regulando su intensidad mediante compuertas de madera que se operaban manualmente. El rotor vertical tenía de 6 a 8 palas de madera o caña y se acoplaba directamente a las muelas situadas en la base. Algunas de las realizaciones persas pudieron alcanzar los ámbitos mediterráneos tras la conquista de Alejandro Magno, por tanto desde finales del s. IV a.C. De los siglos II ó I a.C. se cuenta la construcción del Aneurión por Herón de Alejandría, una máquina que giraba con el viento para hacer funcionar una especie de órgano musical.

     

 

a) Molino mediterráneo de eje horizontal

 

Los molinos de eje horizontal también debieron surgir en el área de la antigua Persia, seguramente en momentos anteriores a la cultura islámica. Su invención debió responder a la necesidad de adaptar las máquinas de eje vertical al bombeo de agua, ya que este sistema presenta ventajas para mover una noria sin tener que variar la dirección de la fuerza motriz.

 

Creemos que la expansión del modelo hacia el occidente forma parte del legado técnico transmitido por la cultura musulmana (al menos en España), dando lugar al molino que llamamos mediterráneo con su característico rotor movido a vela. Algunos autores defienden que el molino de rotor horizontal habría sido traído a Europa por los cruzados. Sobre el modelo básico se desarrollaron diversas variantes regionales a lo largo y ancho del Mediterráneo, utilizadas tanto para la molienda del grano como para el bombeo de agua. La velocidad de giro podía regularse por el procedimiento de soltar o recoger velas y ésa es, posiblemente, una de las principales ventajas del prototipo.

 

 

b) La orientabilidad

 

Hacia el s. XIII se produjo una importante innovación: la aparición del engranaje que permitió cambiar la dirección del eje motriz y adaptarlo a las diferentes necesidades. Uno de los problemas técnicos de los ingenios eólicos había sido el de resolver la posibilidad de orientarlos en la dirección del viento. Con el tiempo, el modelo anterior de rotor horizontal se fue perfeccionando hasta convertirse en el clásico molino de viento tipo torre al que se le añadía una cúpula cónica orientable.

 

La orientabilidad hizo a los molinos de viento más eficientes, lo que motivó su multiplicación, teniendo en los siglos XV y XVI los momentos de máxima expansión en España. La solución del engranaje tuvo gran éxito y es la que vemos aplicada en los molinos de tipo manchego y en la mayoría de los restantes que se documentan en la Península Ibérica, incluyendo el de Ocón.

 

 

c) Del renacimiento a la revolución industrial

 

La evolución de los molinos de viento fue un proceso continuo y acumulativo; a comienzos de la Edad Moderna se aceleraron las innovaciones en consonancia con el espíritu de la época. A lo largo del siglo XVI fueron innumerables los proyectos relacionados con máquinas eólicas; por ejemplo los famosos diseños de Leonardo da Vinci. La mayoría de ellos nunca llegarían a construirse, pero los dibujos y grabados que se conservan demuestran unos conocimientos técnicos que nada tienen que ver con las épocas anteriores.

 

El siglo XVIII fue un siglo de mejoras técnicas; en líneas generales se mantiene el formato exterior sin demasiadas modificaciones, pero aparecen los primeros sistemas mecánicos de orientación y regulación. A lo largo de los siglos se utilizaron ruedas, poleas y manubrios, aunque la verdadera solución al problema vino de las mejoras para reducir el volumen y el peso de la cúpula superior orientable. Los rodamientos y las piezas deslizantes facilitaron las cosas de forma apreciable.

 

Los molinos de agua y de viento han sido las únicas máquinas de tracción no animal, capaces de suministrar energía mecánica al servicio del hombre hasta la popularización de la máquina de vapor en el siglo XIX. Han sido los ingenios más rápidos, potentes y técnicamente perfectos, que han tenido una gran influencia tanto en el terreno técnico como en el ámbito social.

 

De ese modo se llegó a la época contemporánea en la que aparecen las primeras turbinas eólicas industriales. Aunque de diseño sencillo, se produjeron en serie y en principio quedó reducida su aplicación al entorno rural para bombear agua de los pozos. A consecuencia de los perfiles aerodinámicos desarrollados en las hélices de los aviones, a principios del s. XX comenzaron a aplicarse esos conocimientos a los rotores eólicos, sentando la base tecnológica de los actuales aerogeneradores de energía eléctrica. Con ello se inicia otra era, aunque a decir verdad partía de la experiencia de siglos y de milenios por conseguir arrancar a la naturaleza, al viento, la energía necesaria para facilitar el trabajo del hombre. Ambas épocas tienen algo en común, algo que es constante en la historia: la inteligencia aplicada al progreso de los pueblos. 

 

 

 

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